Veterinaria

Transfusiones sanguíneas en animales de compañía

Introducción En la práctica veterinaria habitual, son numerosas las situaciones que requieren el uso de transfusiones de sangre o sus derivados. La primera transfusión de sangre realizada con éxito en perros data del año 1665 en Inglaterra, realizada por el físico Richard Lower. En los últimos 10 años se han realizado numerosos avances en las técnicas transfusionales, como la tipificación de los diferentes grupos sanguíneos, que han hecho esta técnica más segura y eficaz. Además el uso de hemoderivados ha proporcionado la capacidad de optimizar los recursos de los bancos y disminuir los efectos secundarios derivados de la administración de sangre completa. Grupos sanguíneos en perros y gatos Los grupos sanguíneos vienen determinados por los diferentes marcadores antigénicos de la superficie de los eritrocitos. Existen 8 grupos sanguíneos en la especie canina (Tabla 1) y hay, además, 25 o más factores eritrocitarios antigénicos por estandarizar. Algunos de estos son extremadamente raros y no están considerados como significativos en la medicina práctica. Los diferentes grupos se clasifican según el sistema DEA (dog erythrocyte antigen): De todos los grupos, el que tiene más poder antigénico y por tanto mayores probabilidades de producir reacciones adversas es el grupo DEA-1.1. Aproximadamente el 25% de las primeras transfusiones de donantes no tipificados a pacientes de grupo desconocido, desarrollan anticuerpos anti DEA-1.1. Las siguientes transfusiones de sangre positiva al antígeno DEA-1.1 podrán provocar reacciones adversas.Los perros negativos al factor DEA-1.1 serán donantes ideales (donante "universal", aunque este término no ha sido reconocido oficialmente). En el año 2007 ha sido descrito un nuevo antígeno canino independiente del sistema DEA, el antígeno Dal (descrito por primera vez en un dálmata, aunque no sea exclusivo de esta raza). Por el momento no se ha demostrado una importancia clínica relevante. La especie canina carece de aloanticuerpos preexistentes contra otros grupos sanguíneos. Tras la primera transfusión, el tiempo necesario para que el cuerpo fabrique anticuerpos frente al grupo sanguíneo exógeno es de 4 o 5 días. A efectos prácticos, podremos repetir una transfusión sin comprobar la compatibilidad de donante y receptor antes de este plazo sin esperar reacciones adversas. El desarrollo de aloanticuerpos anti DEA-1 es especialmente problemático cuando el receptor es negativo al DEA 1 y recibe una transfusión de un donante positivo a DEA-1.1. Los efectos adversos comprenden: hemoglobinemia, hemoglobinuria y trombocitopenia debido a hemólisis y CID, leucopenia, fiebre, emesis, incontinencia, urticaria y desorientación.El DEA-7 es un posible factor de reacciones transfusionales. Este factor provoca reacciones de aglutinación in vitro a 22ºC de temperatura, pero a 37ºC se disuelve. Normalmente los anticuerpos que reaccionan a temperaturas inferiores a 37ºC se consideran que poseen bajo riesgo de provocar efectos adversos, excepto cuando se transfunden grandes cantidades de sangre fresca o el paciente receptor está hipotérmico. En felinos se reconoce el sistema de grupos AB, en los que encontramos los 3 tipos: A, B y AB. El grupo A es dominante sobre el B, por lo tanto sólo los gatos homocigotos para B expresan este grupo. La frecuencia de los grupos sanguíneos felinos varía mucho según la raza y la zona geográfica, siendo al grupo A el más frecuente y el AB el más raro, teniendo una frecuencia menor al 1 %. (Tabla 2 y 3). A diferencia de los perros, en gatos encontramos aloanticuerpos naturales contra otros grupos sanguíneos. Esto obliga a comprobar desde la primera transfusión si el paciente es compatible, pues podríamos provocar graves reacciones adversas. Los gatos del grupo B, poseen potentes anticuerpos frente al grupo A, lo que significa que un receptor B que reciba sangre de tipo A, pueden desarrollar reacciones graves de incompatibilidad. Estos isoanticuerpos también pueden provocar isoeritrolisis neonatal. Si una hembra del grupo B tiene descendencia con un macho A (dominante), los gatitos A o AB al ingerir los anticuerpos calostrales anti-B, pueden sufrir graves reacciones hemolíticas, en especial en razas como el British Shorthair, Sphynx, Devon Rex y Cornish. Productos sanguíneos  Sangre completa fresca: es la sangre que obtenemos directamente del paciente, sin seleccionar ninguno de sus componentes. Se almacena en bolsas de sangre humana con capacidad para 450ml (a esto se le considera 1 Unidad de sangre). Para que se considere fresca, debe usarse en las siguientes 8 horas tras su extracción. Este producto posee todos los componentes celulares de la sangre además de los factores de coagulación y otras proteínas plasmáticas viables.  Sangre completa almacenada: es el mismo producto que en el caso anterior, pero con más de 8 horas de vida desde su extracción. Su duración máxima es de 28 días y debe ser almacenada a 4ºC. Este producto aporta hematíes y albúmina.  Concentrado de glóbulos rojos: se obtiene a partir de centrifugar sangre completa a 4-5ºC. De una Unidad de sangre entera se obtienen entre 200 y 250ml de concentrado. El sedimento de este proceso constituye el concentrado de hematíes. El tiempo máximo del almacenaje de este producto es de 28 días, aunque si se añaden soluciones nutritivas puede aumentar hasta los 42 días. Únicamente aporta glóbulos rojos al paciente.  Plasma fresco: se obtiene a partir de unidades de sangre entera centrifugadas y en las que se separa la fracción de plasma de la celular. Aporta factores de coagulación, albúmina y otras proteínas plasmáticas. Para que el plasma se considere fresco no pueden transcurrir más de 6 horas desde su extracción hasta su uso.  Plasma fresco congelado: Igual que el plasma fresco, pero congelado -20ºC antes de las 6 horas posteriores a su extracción. Gracias a esta congelación, su vida es mucho mayor que en el caso del plasma fresco, los factores de coagulación se conservan hasta un año y la albúmina 2 años.  Concentrado de plaquetas: Se obtiene a partir de centrifugar sangre entera a 22ºC lentamente y de nuevo centrifugar el sobrenadante. El volumen recuperado tras este proceso es de 50-70ml. Su vida es de 3 a 5 días y debe conservarse bajo agitación continua a 22ºC, ya que a temperaturas inferiores se inactiva la función plaquetar. Aporta plaquetas al paciente, es especialmente útil en pacientes con disminución de la producción de plaquetas, no en patologías que aumentan su destrucción. Numerosas transfusiones de este concentrado pueden causar inmunización del paciente. La dosis es de 1 unidad por 10kg de paciente.  Crioprecipitado: Se obtiene a partir de descongelar plasma fresco congelado de manera lenta (4-6ºC). Durante la descongelación se forma un precipitado blanco (crioprecipitado) en el plasma. Este precipitado contiene factor de Von Willebrand, factores I y VIII. Se usa para tratar la enfermedad de von Willebrand, la hemofilia A y deficiencias de fibrinógeno. El plasma sobrenadante que se obtiene al retirar el crioprecipitado, contiene factores II, VII, IX y X, se usa para el tratamiento de intoxicaciones por raticidas. Su vida útil es de 4 a 6 horas tras su descongelación. La dosis es de 1 unidad por 10kg de paciente. Indicaciones para transfusiones sanguíneas Transfusiones para restituir glóbulos rojos (GR). No se puede concretar una concentración clara de hemoglobina o hematocrito por debajo de la cual sea necesario realizar una transfusión de GR. Este valor de hematocrito o hemoglobina denominado "gatillo" (transfusión trigger), tiene numerosas variables entre las que encontramos de manera principal la velocidad de aparición de la anemia y el proceso que la causa. Antes de realizar una transfusión, hemos de valorar la capacidad del organismo para regenerar la anemia. Como el organismo necesita varios días para compensar la pérdida de sangre, pacientes que sufren una anemia por hemorragia aguda, necesitarán transfusiones sanguíneas con niveles de hematocrito o hemoglobina superiores que otros que padecen procesos más crónicos, como una insuficiencia renal crónica.La transfusión sanguínea no debe realizarse sólo en base a valores de hematocrito y hemoglobina, sino que además se ha de considerar la existencia de síntomas de anemia. Estos síntomas comprenden taquicardia, debilidad, taquipnea, síncopes y aumento de los niveles de lactato.En pacientes con problemas respiratorios o cardíacos, puede ser necesario realizar una transfusión a concentraciones de hematocrito o hemoglobina superiores, debido a la falta de oxigenación de la hemoglobina o la incapacidad del corazón para aumentar su gasto. En el caso de hemorragias agudas, los hematíes no tienen tiempo para aumentar la síntesis de la enzima 2,3-difosfoglicerato, que aumenta el paso de oxígeno a los tejidos. Esto implica que, en estos casos agudos, la aparición de los síntomas de anemia se producirá antes que en procesos crónicos.También es importante valorar la patología que está causando la anemia y la viabilidad de la médula ósea para regenerarla. Si la anemia es regenerativa y el paciente se encuentra estable, podremos prescindir de la transfusión y esperar que regenere por sí sola.De esta manera, en casos de anemia aguda hipovolémica, estaría indicado transfundir a niveles de hematocrito del 20%, mientras que en casos crónicos el gatillo se situaría en torno al 12-15%. Transfusiones de albúmina. La albúmina es una proteína sintetizada por el hígado y encargada de mantener la presión oncótica de la sangre, entre otras funciones. Su déficit produce la aparición de edemas, retraso en la cicatrización, alteración de la disponibilidad de fármacos, estados de hipercoagulabilidad e intolerancia a la nutrición. Está indicado realizar una transfusión de albúmina cuando los niveles plasmáticos se sitúen por debajo de 1.5-2 g/dl. Las transfusiones de albúmina se pueden realizar a partir de plasma, con el inconveniente de que es necesario grandes cantidades de éste para aumentar la concentración de albúmina (45ml/kg de plasma para aumentar la concentración en 1g/kg). Esto hace que sea una opción poco viable. Una alternativa es combinar estas transfusiones de plasma con el uso de coloides. Otra opción la encontramos en las transfusiones de albúmina humana. Estas soluciones son muy concentradas, en nuestro país encontramos soluciones al 20% (Albúmina Humana Grifols® al 20%). Con pequeños volúmenes podemos conseguir aumentos de la concentración de albúmina notables. Sin embargo, su uso en perros no está exento de riesgos pues podemos tener reacciones anafilácticas, sobretodo a partir de la segunda infusión. Existen varias posologías publicadas, nosotros utilizamos una dosis inicial de 2g/kg en una hora y posteriormente de 0.2 - 0.7 ml/kg/h en infusión continua hasta conseguir niveles de albúmina plasmática superiores a 2g/dl. Reposición de factores de coagulación. En enfermedades como intoxicación por raticidas, insuficiencia hepática, hemofilia, coagulación intravascular diseminada (CID) o enfermedad de Von Willebrand puede ser necesario el aporte de factores de coagulación para tratar sangrados. El producto de elección en estos casos es el plasma fresco o plasma fresco congelado. En el caso del plasma fresco, es muy importante usarlo antes de 6 horas desde su obtención para evitar que los factores de coagulación se degraden. En cambio, en el PFC los factores de coagulación mantienen su efecto durante un año. En gatos es necesario realizar pruebas compatibilidad ya que podrían desencadenar reacciones anafilácticas con los hematíes del receptor. La dosis es muy variable pero en general se administra una dosis inicial de 6-10ml/kg/6-8h hasta parar las hemorragias. Otra alternativa al plasma es la sangre completa fresca o el uso de crioprecipitados. Transfusiones en trombocitopenias. En general, las trombocitopenias no suelen dar sangrados hasta que el recuento no se encuentra por debajo de 50.000/μl. Existen productos concentrados como el concentrado de plaquetas, el plasma rico en plaquetas o plaquetas congeladas, pero no suelen estar disponibles en medicina veterinaria. La sangre completa fresca es el único producto que podemos encontrar que contiene plaquetas, aunque los aumentos que produce son poco significativos. Pruebas de compatibilidad • Tipificación de grupo: En el caso de la especie felina sobretodo y en los perros a partir de la segunda transfusión, es importante conocer el grupo sanguíneo tanto del donante como del receptor. Actualmente podemos encontrar en el mercado varios kits comerciales que permiten determinar si un perro es positivo o negativo al antígeno DEA-1.1, así como saber el grupo sanguíneo de un gato. En perros, debe saberse antes de una transfusión si el donante y el receptor son positivos o negativos al grupo DEA-1.1. En gatos debe determinarse el grupo sanguíneo siempre antes de una transfusión para evitar reacciones adversas y, en las hembras gestantes, para prevenir la isoeritrolisis neonatal. • Pruebas de compatibilidad cruzadas o crossmatching: Estas pruebas no están encaminadas a detectar que tipo de antígeno hay en la membrana eritrocitaria, sino que evidencian la compatibilidad serológica entre donador y receptor, demostrando la presencia en el suero de aloanticuerpos naturales o inducidos. Estos aloanticuerpos podrían provocar reacciones de hemoaglutinación o hemólisis frente otros grupos sanguíneos conocidos u otros antígenos eritrocitarios. El grado de aglutinación se expresa de 1+ a 4+. Las pruebas de compatibilidad mayor valoran la presencia de aloanticuerpos en el plasma del receptor contra las células del donador. Esta prueba es muy útil porque nos ayudará a predecir si las células transfundidas del donador serán atacadas por anticuerpos en el plasma del receptor, provocando una reacción transfusional. Si se produce hemólisis y/o aglutinación en las pruebas mayores no se podrá realizar la transfusión, ya que el receptor tiene aloanticuerpos contra los eritrocitos del donante. Las pruebas de compatibilidad menor, en cambio, demuestran la existencia de aloanticuerpos en el plasma del donador contra los eritrocitos del receptor. Si esta prueba resultara incompatible, no sería tan importante porque la cantidad de suero del donante es pequeña, en especial si usamos concentrados de glóbulos rojos y además se diluye en el suero del paciente. De todas maneras, si realizamos la transfusión el paciente tendrá que ser vigilado estrechamente. En perros es posible omitir la realización de estas pruebas antes de la primera transfusión debido a la ausencia de aloanticuerpos naturales. Sin embargo es obligatorio en futuras transfusiones, pese a ser del mismo donante o grupo sanguíneo. En la especie felina las pruebas de compatibilidad cruzada son necesarias antes de la primera transfusión dada la presencia de aloanticuerpos naturales. Es más, sólo con estas pruebas podemos predecir el grupo sanguíneo de donante y receptor. Si las pruebas de compatibilidad mayor son fuertemente incompatibles, es probable que el gato receptor sea de tipo B y el donante A (o AB). Si la compatibilidad menor es fuertemente incompatible, es probable que el gato donante sea B y el receptor A (o AB). Además, en el caso de especie felina y debido a la presencia de las potentes aglutininas anti-A, es posible reconocer la incompatibilidad sanguínea entre dos pacientes con una prueba de compatibilidad cruzada simplificada, poniendo una gota de sangre del donador y del receptor en un porta a temperatura ambiente. Si aparece hemoaglutinación en menos de un minuto, demuestra dos animales de grupo diferente. En el mercado ya existen Kits comerciales para realizar estas pruebas de compatibilidad cruzada.  Selección del paciente y extracción El animal donante ideal, tiene que cumplir las siguientes condiciones:- Que sea un adulto joven, bien vacunado y desparasitado.- Que nunca haya recibido una transfusión. - Con un peso superior a 20-25kg en perros y 4kg en gatos.- Que sean perros negativos a Leishmania, Erlichia, Filaria, Babesia y Anaplasma o gatos negativos a FeLV, FIV, PIF, Toxoplasma y Filaria.- Que los valores del hemograma y las bioquímicas sanguíneas sean normales. En perros, generalmente no es necesario sedarlos para realizar la extracción. La mejor vena para realizar la extracción es la vena yugular. La sangre es recolectada en bolsas de recogida de sangre de medicina humana, que contienen 63ml de CPD-A (citrato-fosfato-dextrosa-adenina), con capacidad de almacenar 450ml de sangre. Durante toda la extracción la bolsa deberá agitarse para su correcta homogenización y la mantendremos por debajo del paciente para que la sangre descienda por gravedad. Esta sangre se puede pasar por unos filtros para extraer los leucocitos y reducir las reacciones febriles. En el caso de los gatos, no existen bolsas de recolección comercializadas en nuestro país adaptadas a pequeñas cantidades de sangre. Por ello normalmente se extrae sangre en jeringuillas de 20 ml, también de la vena yugular, mediante una palomilla. A estas jeringuillas añadiremos, como anticoagulante, heparina sódica (a razón de 5-10 UI por ml de sangre), CPDA o citrato 3,8% (1ml de anticoagulante por 9ml de sangre). En la especie canina se pueden realizar extracciones cada mes (20ml/kg), en gatos sólo 10ml/kg mensualmente. Guías de administración ▫ Atemperar la sangre, si estaba refrigerada, hasta alcanzar una temperatura de entre 25 y 35º C, sumergiendo la bolsa en agua a 37º C. Durante la transfusión debe mantenerse el producto a unos 30-35ºC. ▫ No se debe mezclar jamás Ringer Lactato, soluciones con dextrosa u otros productos que contengan calcio con cualquier producto sanguíneo con citrato como anticoagulante, ya que el calcio podría provocar una coagulación en el sistema de transfusión. Sólo debe usarse NaCl 0.9%. En caso de transfundir concentrado de hematíes, debe añadirse 50-70ml de NaCl 0.9% para reducir su viscosidad. ▫ Usar siempre equipos de infusión específicos para transfusiones (con filtro) para evitar el paso de coágulos o agregados celulares. Estos filtros suelen tener un diámetro de 170 micras. Para pequeños volúmenes de hasta 50 cm3de sangre, se puede usar el filtro HEMO-NATE, que acoplaremos al sistema. ▫ Calcular el volumen a transfundir. Es importante calcular la cantidad de sangre o concentrado de hematíes que hemos de administrar y, además, restar este volumen al total de fluidos que va a recibir el paciente durante ese mismo día para evitar una sobrecarga vascular. El cálculo de volumen a transfundir lo podemos hacer a partir de la siguiente fórmula:   Q = P x 88 x (Htc1-Htc2)/Htc3 Q: volumen a transfundir (ml)P: peso del receptor (kg)Htc1: hematocrito deseadoHtc2: hematocrito del receptorHtc3: hematocrito del donante Existen otras reglas más simples para calcular el volumen a administrar. Por ejemplo, suponiendo un hematocrito del producto del 50%, al transfundir 2,2 ml/kg de esta sangre entera, obtendremos un incremento aproximado del 1% en el hematocrito del receptor. Si se trata de un concentrado de hematíes, obtendremos un incremento del 1% al transfundir 1ml/kg. La dosis máxima de transfusión de sangre entera es de 22ml/kg/día. ▫ Una vez acabada la transfusión, hay que controlar el hematocrito 1 o 2 horas después para ver si el incremento obtenido es el calculado por la fórmula. De todas maneras, hasta pasadas 24 horas de la transfusión y en ausencia de hemorragia o procesos de hemólisis, el hematocrito no se acaba de estabilizar. Como mínimo, el 70% de los hematíes transfundidos deben conservarse 24 horas después para considerar la transfusión como exitosa. La vida media de un hematíe transfundido es de entre 21 y 48 días. ▫ Si la bolsa de sangre o concentrado permanecen más de media hora sin refrigeración, deberemos administrar el producto en un plazo inferior a 6 horas o lo podremos refrigerar de nuevo pero la caducidad será de 24 horas. La sangre es un excelente medio de cultivo y una mala manipulación podría suponer la contaminación del producto. ▫ La velocidad de administración dependerá de la patología y el paciente. Durante la primera media hora de la transfusión, la velocidad será lenta, de unos 2-3ml/kg/h. De esta manera controlaremos la posible aparición de efectos adversos. Si no existen complicaciones, aumentaremos la velocidad a 10ml/kg/h hasta completar la transfusión. En pacientes cardíacos, con riesgo de sobrecarga vascular, la velocidad no debe sobrepasar los 4ml/kg/h. En pacientes en shock hipovolémico, se puede aumentar la velocidad a 20ml/kg/h. ▫ Durante todo el proceso y hasta 1 hora después de la transfusión, debemos controlar estrechamente el pulso, la temperatura, el color de las mucosas, el TRC y las frecuencias cardiaca y respiratoria. Efectos adversos El uso de sangre y hemoderivados puede conllevar ciertos riesgos y provocar reacciones adversas. No olvidemos que la sangre es un tejido más del organismo y su administración a un paciente puede provocar reacciones de rechazo. La optimización de estos productos separándolos en diferentes fracciones, así como el uso de pruebas de determinación de grupos sanguíneos y pruebas de compatibilidad cruzada, han disminuido la aparición de reacciones adversas. Estas reacciones se clasifican en 2 grupos: reacciones adversas de mediación inmunitaria y las no inmunitarias. Las primeras son básicamente reacciones hemolíticas, ya sean agudas o retardadas. Las agudas se producen por la presencia de anticuerpos preformados en el receptor y provocan reacciones de hipersensibilidad de tipo I o tipo II. Los síntomas comprenden temblores, taquicardia, taquipnea, hipertermia (1ºC por encima de la temperatura antes de la transfusión), vómitos, urticaria, hemoglobinemia, hemoglobinuria e incluso en algunos casos CID, fallo renal agudo por hemoglobinemia o muerte. En el caso de detectar cualquiera de estos signos, se procederá a suspender la transfusión inmediatamente, instaurar fluidoterapia de sostén y administrar corticosteroides de acción rápida intravenosos. Son las reacciones más graves. Las reacciones tardías son menos peligrosas, se producen entre 3 y 15 días después de la transfusión y provocan disminuciones del hematocrito, con fiebre y anorexia. Se tratan con corticosteroides a dosis inmunosupresoras. En esta categoría se incluyen la isoeritrolisis neonatal y la púrpura post-transfusión. Las reacciones no inmunomediadas comprenden hemólisis, sobrecarga circulatoria por sobrecarga del volumen vascular, sepsis por contaminación del producto sanguíneo, hipocalcemia por citrato, hiperamonemia, coagulopatía dilucional e infecciones iatrogénicas por administrar sangre de donantes infectados. Los animales cardiópatas y con anemias normovolémicas, son susceptibles de padecer sobrecarga vascular en una transfusión. Los signos clínicos consisten en taquipnea, tos, mucosas congestivas y distensión de las venas yugulares. En estos pacientes debe realizarse la transfusión a velocidades inferiores a lo normal y en caso de detectar estos signos, suspender la transfusión y administrar furosemida y oxigenoterapia. Los gatos son más susceptibles que los perros a sufrir sobrecarga vascular. También pueden producirse hipocalcemias por un exceso de anticoagulante en el producto sanguíneo. Los signos clínicos que observaremos son los típicos de hipocalcemia (temblores y arritmias). El tratamiento consiste en la administración de gluconato de calcio intravenoso lento, monitorizando al paciente con un electrocardiograma continuo. Los pacientes con insuficiencia hepática son más susceptibles de padecer este problema. En ocasiones, podemos encontrar reacciones febriles y vómitos después de una transfusión, reacciones con poca relevancia clínica. Alternativas a los hemoderivados Una alternativa a la transfusión en casos de anemias de tipo crónico (pacientes de oncología o con insuficiencia renal crónica) podría ser la administración de eritropoyetina recombinante humana. Pese a que se conoce la secuencia de DNA completa de la eritropoyetina canina y felina, todavía no se ha fabricado ni comercializado ninguna de ellas. La eritropoyetina humana, desgraciadamente, puede provocar reacciones alérgicas, bloqueando en consecuencia cualquier tipo de respuesta por parte de la médula ósea. También existen soluciones intravenosas transportadoras de oxígeno. Estas soluciones incrementan de manera inmediata la capacidad para transportar oxígeno y el volumen vascular, siendo indicado su uso en pacientes con hemorragias agudas, hemólisis o problemas de médula ósea. No contienen factores de la coagulación o plaquetas, así que no pueden realizar las funciones de estos elementos. Existen dos grupos principales de soluciones transportadoras de oxígeno: los basados en perfluorocarbono y transportadores de oxígeno basados en hemoglobina (TOBH), siendo éste último el único autorizado para su uso en animales de compañía. El TOBH-201, es una solución de hemoglobina bovina ultrapurificada y, por lo tanto, acelular, de color morado oscuro. Su concentración de hemoglobina polimerizada es de 13g/dl. Esta solución no aporta hematíes al paciente, por lo que tras su uso, el recuento de hematocrito no se verá incrementado, pero sí el de hemoglobina. Se puede conservar hasta 36 meses sin refrigeración y no requiere la determinación de grupos sanguíneos, ya que durante la fabricación, se eliminan las membranas eritrocitarias. Su uso está indicado en casos en los que no dispongamos de sangre compatible. La dosis recomendada en perros es de 10 a 30 ml/kg intravenosos, siendo la dosis inicial la más baja. Pese a que en gatos no se ha autorizado su uso, ya se ha administrado de forma exitosa en esta especie.Los efectos adversos del uso de estos derivados consisten en color morado intenso transitorio de mucosas y orina, aunque sin provocar interferencias con la pulsioximetría de las mucosas. La presencia de oxiglobina altera los análisis laboratoriales por colorimetría, en especial en las determinaciones de bilirrubina, enzimas hepáticas, creatinina, glucosa y tiras de orina. Respecto a la aparición de reacciones anafilácticas, hasta el momento no se han descrito aunque se recomienda su uso único para prevenirlas.  

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