Veterinaria

Llega la oruga procesionaria, un serio peligro para niños y mascotas


Las orugas procesionarias son extremadamente venenosas, cada oruga dispone a lo largo de su cuerpo de unos 500.000 pelos o tricomas especiales que asemejan morfoló

gicamente a pequeños dardos o flechas envenenados, que liberan una toxina llamada taumatopenia, que produce urticarias, alergias y necrosis en las zonas de contacto.


Ciclo biológico

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una especie de lepidóptero, recientemente incluido en la familia Thaumetopoeidae (anteriormente perteneciente a la familia Notodontidae). A veces se la clasifica en el género Traumatocampa. Abunda en los bosques de pinos de Europa del Sur y central, donde es una plaga muy extendida. Además de los pinos, habita también en cedros y abetos.

 

Las orugas (fase de larva) están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, por lo que pueden provocar irritación en oídos, nariz y garganta en los seres humanos, así como intensas reacciones alérgicas. La sustancia que le confiere esta capacidad urticante es una toxina termolábil denominada Thaumatopina.

Thaumetopoea pityocampa como todos los lepidópteros tiene un desarrollo de tipo holometabólico, con fases de embrión (huevo), larva (oruga), pupa e imago(adulto/mariposa).

Los individuos adultos en forma de mariposas se aparean en verano.Tienen hábitos exclusivamente nocturnos, por lo que evitan en gran medida su depredación por las aves diurnas.Su color parduzco las hace confundirse con el medio en que viven y se hacen invisibles a sus depredadores. La hembra pone sus huevos sobre las copas de los árboles, formando puestas muy características en forma de espiral alrededor de una o dos acículas. Entre 30 y 40 días después1 nacen las orugas (generalmente en los meses de septiembre-octubre), que pasarán por cinco estados larvarios que en zonas frías pueden llegar a durar hasta ocho o nueve meses.

A partir del tercer estadio larvario las orugas construyen sobre los árboles unos bolsones mucho más densos y conspicuos, en los que pasarán el invierno. En ellos pasan los periodos diurnos y salen para alimentarse al atardecer. En el quinto estadio larvario las orugas son tremendamente voraces. Tras alimentarse durante unos 30 días, entre febrero y abril, las orugas en esta última fase descienden al suelo desde los árboles, en características filas indias (de ahí su nombre común de "procesionarias").Lo hacen así de manera que se protegen unas a otras la cabeza, que es el alimento de muchos pájaros, de esta forma quedan protegidos unas con otras.Tras su paseo, se enrollan para no dejar ninguna cabeza al descubierto. Está comprobado que es siempre una hembra (una larva que originará un adulto hembra) la que guía la procesión. Finalmente se entierran en el suelo, donde pasan a la fase de pupa o crisálida. En verano las crisálidas hacen eclosión, y surgen las mariposas cuyo periodo de vida es muy corto (entre uno y dos días), que se aparean, comenzando de nuevo el ciclo. Es en esta última fase del ciclo donde las trampas de feromonas son efectivas.

 
El contacto y la toxina

El perro principalmente y, sólo ocasionalmente, el gato (menos impulsivo, más calculador y selectivo) suelen ser las víctimas del contacto. Éste se puede producir con la hilera de procesionaria en movimiento, con nidos caídos al suelo que hacen desprender en el entorno los pelos urticantes o, muy ocasionalmente, con pelos llevados por el viento que dan por ejemplo afecciones oculares. Las localizaciones, el pronóstico y las secuelas de las lesiones están estrictamente relacionados con la parte del cuerpo afectada, con la intimidad del contacto y con la precocidad del tratamiento. La localización más frecuente es la oral (hablamos entonces de estomatitis) que, a su vez, se puede clasificar en glositis (lengua) o queilitis (labios); anatomopatológicamente se llega a tener una estomatitis necrótica precedida por dos fases, erosiva y ulcerativa, que en función de la efectividad de la terapia puede evolucionar hacia curación o progresión.
La fase erosiva deja íntegra la membrana basal del epitelio, mientras que la ulcerativa profundiza en la submucosa impidiendo su restitución íntegra. Menos probable pero descrita es la localización ocular, si los pelos son transportados por el viento pueden ir en contacto con los párpados ocasionando blefaritis o con la córnea, donde pueden llegar a causar úlceras, detectables con lámpara de hendidura. Otra posibilidad es la aspiración durante el olfateo, que causa rinitis aguda. A diferencia del hombre, las lesiones cutáneas son poco frecuentes.

La toxina que se libera de los pelos especializados de la oruga se llama taumatopenia y es una haloproteína que ocasiona la liberación de histamina por desgranulación de los mastocitos, mediando así una potente reacción inflamatoria prolongada por la permanencia de los pelos que se quedan clavados a la zona mucocutánea gracias a su particular estructura. Los pelos del dorso del artrópodo están protegidos por estructuras tegumentarias y, en caso de peligro, el pelo se rompe y la ampolla libera la toxina; hay que considerar también el contacto indirecto, es decir, no con la oruga directamente, sino con su nido, donde se encuentra cierta cantidad de exudado larvario y pelos urticantes,. Es por ello que los nidos caídos pueden ser fuente de contagio si son manipulados por los perros, y de allí el viento puede desplazar estos pelos y ponerlos en contacto con la piel y mucosas originando reacciones en ausencia de orugas. El cuadro que se genera puede hacer definir la patología como dermatitis tóxico-irritativa, que tiene estricta semejanza con las reacciones alérgicas agudas, en las que el mecanismo fisiopatológico fundamental es la hipersensibilidad inmediata tipo I, mediada por IgE El cuadro que se genera es similar a un angioedema neurótico o urticaria.
Los shar-pei, son especialmente sensibles a esta toxina.


Sintomatología

• nerviosismo
• actos de deglución rápidos
• se toca la boca con las patas
• hipersalivación (ptialismo)
• en pocos minutos desarrolla glositis, estomatitis, hasta la incapacidad de cerrar la boca
• el angioedema que puede desarrollar es similar a cualquier anafilaxia
• si la oruga ha sido ingerida el animal tendrá vómitos.
• al cabo de una hora puede empezar a ponerse morada (cianosis) la lengua.
• la lesión localmente tiende a evolucionar hacia la necrosis, con posibilidad de pérdida de un trozo de lengua.

 

Tratamiento

El diagnóstico temprano es fundamental para limitar las secuelas.

Lo primero es lavar bien la zona afectada con agua templada, el calor destruye la toxina, pero no se debe frotar la zona ya que romperíamos los pelos urticantes liberando la toxina.

Acto seguido acuda a su veterinario habitual o al servicio de urgencias más cercano donde se le aplicará un tratamiento con corticoides de acción rápida y antihistamínicos.

 

 

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